CONTEMPLACIÓN

Destila la hoja la humedad nocturna,

aún no existe, como tal, la gota.

Comienza a condensarse el agua,

resbala delicada por el borde,

pesa lo suficiente, nace

y en ese instante exacto

se derrama, cae, desaparece

su efímera existencia.

Sin embargo, al caer, su sonido

serena el atento oído del viajero,

su golpe sobre la superficie del lago

producirá círculos concéntricos

que moverán la orilla lejana

y el movimiento llegará hasta el fondo

donde un grano diminuto de arena

cambiará para siempre de lugar.

-Begoña Abad

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